!Atrevete: yo poseo un revolver!

By Cristina Merino

Una banda de forajidos llega al hogar de una familia en busca de un hombre. Gunther, el líder de los angeles banda, cree que este hombre les traicionó tras un robo. Es el comienzo de un largo viaje que les llevará hasta el resto del dinero y al verdadero traidor... Un comisario obsesionado por darles caza, tres hombres unidos por los angeles codicia, una joven ingenua, un misterioso hombre de ethical ambigua y una muchacha sedienta de venganza se unirán a Gunther y su banda en un pueblo del oeste llamado Redención.

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Oiga, �por qué no viene conmigo a Cutter city? Todo pistolero que se precie irá allí. —Hay cierta diferencia entre lo que yo hago y lo que hace un pistolero. —Vamos, no sea humilde… �A cuántos ha matado? Yo he hecho mis pinitos, �sabe? No soy lo joven que aparento. —¿Cuántos años tienes? —Veintidós. Como Billy el Niño. —Mm. —A mí…, a mí me gustaría saber más cosas. l. a. experiencia es importante, un hombre como usted debe saber muchas historias… Lostman lo miró por segunda vez. —¿Historias? �Quieres que te cuente historias?

Consolidar su relación con Carl. Llegar a un compromiso. Dejar de poner obstáculos. Arrugó l. a. carta hasta hacerla desaparecer en un puño, mientras, herida, se echaba a llorar. Capítulo XXI El muchacho conducía un carro, del que tiraba una vieja mula gris. En l. a. parte de atrás transportaba varios toneles. Se detuvo frente a l. a. puerta de Gina y esperó. Al cabo de unos instantes, l. a. puerta se abrió y apareció un hombre. Habló con el muchacho unos segundos. Luego se volvió, dio varios pasos hacia los angeles casa y se detuvo en el umbral.

Vamos, preguntaremos cómo se va al rancho de Martin desde aquí —resolvió Burton, reacio a dar su brazo a torcer. —Yo volvería al camino de antes, Burton. —¿Por qué? —Porque el caballo que tu amigo Gold conducía ayer tenía una mancha blanca en el labio. Yo creo en las casualidades. Burton miró el caballo que estaba atado a l. a. valla, sujeto a los jaeces que lo mantenían unido al carromato. —¿Mancha blanca? �Qué mancha? �Y cómo puedes verlo desde aqu…? De pronto, los angeles puerta de los angeles casa de las McAllister se abrió y los angeles voz de Rachel dijo: —Bueno, hasta l. a. próxima… —Rachel besó primero a Shanon y luego a Leslie, que l. a. acompañaban hasta el umbral para despedirla.

Rachel salió de l. a. cabaña con l. a. intención de sacar agua del pozo con que lavarse el pelo. Le sobresaltó l. a. presencia de alguien junto a los angeles cabaña nada más salir. Respingó, pero pronto se dio cuenta de que no tenía que temer: se trataba de Lostman. No obstante, su inquietud no se disipó del todo: los angeles mirada del hombre rubio hoy reflejaba una tensión y una dureza infrecuentes. —Michael… �Qué haces aquí? Él se acercó a ella y le tendió el puño derecho, lo abrió y Rachel vio que en l. a. palma había varios papeles pequeños.

El primero sonrió. —Tenía usted razón: Daniel se pondrá bien. Y mientras su madre acudía a atender al hombre recién vuelto en sí, el gran extraño salía de l. a. casa. Le pareció que su padre iba a salir de casa también, pero coincidió este momento con l. a. llegada de su hermana. —Tenemos invitados —informó su padre a Josephine, percatándose también de su presencia. —¿Sigo castigada? —¿Zigue caztigada? —Sube a tu cuarto, John. —¿Eztoy caztigado? —No, pero tú eliges. John voló escalera de mano arriba. Josephine comenzó a andar.

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